La lavadora era lo que hacía ese sonido estridente, pero no giraba por cualquier cosa, sino porque dentro había una humareda del color, como no, de la sombra. Me acerqué a esa humareda con cautela, pero… ¿Cómo podía estar encendida la lavadora si no había electricidad? Todo era muy extraño, pero no me iba a cansar hasta encontrar la respuesta de aquellos difíciles sucesos. Por un momento, hasta llegué a pensar que lo mejor era dejarlo, darme un tiro y dejar de pensar. Pero después de pensarlo, decidí que no me rendiría tan fácilmente. Después de estar pensando y meditando que hacer durante unos minutos, decidí que abriría la lavadora… ¿Por qué el humo hacía ese sonido? Era como si algo hubiese dentro, algo muy pesado, ya que de lejos me pareció un ejército, pero al entrar en la cocina había dejado de pensarlo. Me situé justo enfrente de la lavadora, la abrí y el humo salió disparado hacia mí. Me mareé y caí desplomada al suelo.
Cuando desperté, vi la cerilla apagada y dentro de la lavadora, que por cierto seguía girando, a mi marido sangrando. Cuando reaccioné del susto, vi que había una luz encendida procedente del exterior. Entonces decidí salir al balcón para ver de donde procedía, pero antes, cogí a Martín en brazos y le prometí que averiguaría lo que estaba pasando. Me acerqué al armario, cogí una cerilla y encendí dos velas. Subí a mi habitación, apagué las otras dos que seguían con ese color y al apagarlas salió la sombra, que salió por la ventana que se había abierto sin explicación alguna. Entonces dejé allí una de las dos velas que llevaba en la mano, y con la otra bajé otra vez a la cocina. En las escaleras dejé la segunda vela, y con la luz que transmitía, podía ver por toda la cocina. Cogí a mi marido en brazos y me lo llevé a la habitación. Le acosté en la cama y le curé las heridas con los pocos medicamentos que había en el botiquín. No había casi medicamentos, ya que somos una familia que no se suele hacer heridas, pero aun así, teníamos un poco de algodón y un poco de agua oxigenada, lo cual utilicé para curarle. Ahora solo faltaba encontrar a los niños, y huir de aquel espantoso lugar. Corrí hasta casa de su abuela, a la que los niños odiaban, y llamé sin parar, pero el timbre no sonaba. No se escuchaban ruidos, todo parecía muy tranquilo, pero en ese momento empecé a escuchar gritos. Tenía tanto miedo y tanta angustia, que cogí un montón de piedras y al final conseguí forzar la cerradura. Entré corriendo en la casa, seguía escuchando los gritos, ¡Eran mis hijos! No había luz, así que no veía nada. Por eso me dio miedo dirigirme a la habitación donde estaban, el baño. Pero aun así fui fuerte, y en ese momento pensé: ¡La luz del reloj! El reloj iba con pilas, y si que tenía luz, lo malo es que la luz gastaba mucha pila, pero yo, encendí la luz del reloj y me dirigí corriendo al baño. Lo máximo que me pudieron contar los niños fue que su abuela les dijo: -Hasta que no os laveis las manos, no salís del baño-. Los niños se encerraron en el baño, y me contaron que de repente se fue la luz, y que cuando intentaron abrir el pestillo, no se podía porque estaba atascado. Los niños, también dijeron, que al poco tiempo de quedarse encerrados en el baño, escucharon un grito. Yo, les dije a los niños que me siguieran, y que no se separasen de mí. Registré por toda la casa, en busca de su abuela, pero no estaba por ningún lado. Solo quedaba un sitio por mirar: El baño del piso de arriba. Abrí la puerta y…
//CONTINUARÁ//
3 comentarios:
Marta... ¿Tienes trece años ¬¬?
MALVADAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA TE QUIERO(L)
Que suspense... ¬¬
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