Salí corriendo, buscando ayuda, pero no había nadie en las calles y todos los timbres de las casas estaban fundidos por la tormenta, en ese momento se me apagó el teléfono, ya no había nada de electricidad en la ciudad. Decidí volver a mi casa y esperar a que pasara la tormenta. Encendí dos velas, subí al primer piso y me acosté en la cama.
De repente comencé a escuchar sonidos extraños, parecían los pasos de un ejército. Entonces me levanté, miré fijamente a las velas y vi que las velas se habían puesto del color de la sombra que me perseguía por todas partes. Salí corriendo angustiada. Poco a poco iba escuchando un poco más fuerte esos sonidos tan extraños, parecían los pasos de los soldados de un ejército. Entonces comencé a acercarme poco a poco al lugar de donde procedía el estridente sonido. Poco a poco pude comprobar que procedía de la cocina, pero como iba a oscuras porque tuve miedo de coger las velas, no lo pude saber con certeza. Me acerqué hacia las escaleras, para bajar a la cocina, que estaba justo al bajar las escaleras, y así poder ver de donde procedía ese sonido.
El sonido permanecía, incluso se escuchaba cada vez más fuerte, pero por mucho que yo quisiera, no me atrevía a bajar las escaleras. Entonces es cuando piensas: ¡Qué lástima no haberme inscrito a ese curso de coraje del cual tanto se hablaba en la peluquería! Pero pensé que no merecía la pena lastimarme, y decidí bajar un escalón. De repente se oyeron los sonidos como si estuviesen a mi lado, notaba el suelo frío, y el corazón me iba muy rápido. Bajé un peldaño más, pero el sonido seguía al mismo volumen. Bajé otro más, y de repente se escuchó ¡PUM! Y comenzó a salir ese humo por debajo de la puerta de la cocina. A penas podía ver nada, la humareda era lo único que podía ver por sus colores. Entonces decidí aprovechar ese hilo de luz proveniente de la sombra y bajé toda la escalera. La sombra desapareció como si nada, parecía que de repente se lo hubiese tragado la tierra. Desapareció en tan solo un parpadeo de mis ojos, lo cual hizo que no pudiese ver por donde salió ni como. Era como si al mirarlo fijamente se moviese, y al parpadear desapareciera en la nada. Todo era muy extraño, pero al menos, yo ya estaba en el último peldaño de la escalera. Di unos pasos, hasta que encontré la puesta. La abrí con cautela y entré. El suelo de la cocina estaba muy frío, y el sonido se escuchaba mucho más fuerte que antes, pero no llegaba a ser un sonido muy, muy, fuerte. Aún así, yo tenía mucho miedo, ya que todo aquello era muy extraño. Cogí una cerilla, la encendí, y ¡¡¿QUÉ ES LO QUE VI?!!


