EL LABERINTO DEL FUEGO: Capitulo II

23.6.09

Salí corriendo, buscando ayuda, pero no había nadie en las calles y todos los timbres de las casas estaban fundidos por la tormenta, en ese momento se me apagó el teléfono, ya no había nada de electricidad en la ciudad. Decidí volver a mi casa y esperar a que pasara la tormenta. Encendí dos velas, subí al primer piso y me acosté en la cama.

De repente comencé a escuchar sonidos extraños, parecían los pasos de un ejército. Entonces me levanté, miré fijamente a las velas y vi que las velas se habían puesto del color de la sombra que me perseguía por todas partes. Salí corriendo angustiada. Poco a poco iba escuchando un poco más fuerte esos sonidos tan extraños, parecían los pasos de los soldados de un ejército. Entonces comencé a acercarme poco a poco al lugar de donde procedía el estridente sonido. Poco a poco pude comprobar que procedía de la cocina, pero como iba a oscuras porque tuve miedo de coger las velas, no lo pude saber con certeza. Me acerqué hacia las escaleras, para bajar a la cocina, que estaba justo al bajar las escaleras, y así poder ver de donde procedía ese sonido.

El sonido permanecía, incluso se escuchaba cada vez más fuerte, pero por mucho que yo quisiera, no me atrevía a bajar las escaleras. Entonces es cuando piensas: ¡Qué lástima no haberme inscrito a ese curso de coraje del cual tanto se hablaba en la peluquería! Pero pensé que no merecía la pena lastimarme, y decidí bajar un escalón. De repente se oyeron los sonidos como si estuviesen a mi lado, notaba el suelo frío, y el corazón me iba muy rápido. Bajé un peldaño más, pero el sonido seguía al mismo volumen. Bajé otro más, y de repente se escuchó ¡PUM! Y comenzó a salir ese humo por debajo de la puerta de la cocina. A penas podía ver nada, la humareda era lo único que podía ver por sus colores. Entonces decidí aprovechar ese hilo de luz proveniente de la sombra y bajé toda la escalera. La sombra desapareció como si nada, parecía que de repente se lo hubiese tragado la tierra. Desapareció en tan solo un parpadeo de mis ojos, lo cual hizo que no pudiese ver por donde salió ni como. Era como si al mirarlo fijamente se moviese, y al parpadear desapareciera en la nada. Todo era muy extraño, pero al menos, yo ya estaba en el último peldaño de la escalera. Di unos pasos, hasta que encontré la puesta. La abrí con cautela y entré. El suelo de la cocina estaba muy frío, y el sonido se escuchaba mucho más fuerte que antes, pero no llegaba a ser un sonido muy, muy, fuerte. Aún así, yo tenía mucho miedo, ya que todo aquello era muy extraño. Cogí una cerilla, la encendí, y ¡¡¿QUÉ ES LO QUE VI?!!

EL LABERINTO DEL FUEGO: Capitulo I

-¡A dormir!- dije cuando vi que ya eran las once de la noche. Entonces Héctor bostezó y María, contagiada por el bostezo de Héctor, también bostezó. Yo les mandé a los dos a la cama, y entonces María dijo:

-Mamá, ¿Por qué se mueven las nubes?-

-Eso se aprende en el colegio, por eso debes ir, para aprender- contesté.

- De acuerdo- dijo María.

Mientras tanto, Héctor, que era el hermano mayor, sonreía al ver la alegría de su hermana María.

Cuando ya estaban los dos acostados, salí de la habitación y les apagué las luces. Entonces me dirigí a mi habitación, donde mi marido dormía. Me acosté y miré a mi alrededor. De repente, una sombra apareció debajo de la cama. ¿Y que hice yo? Por miedo o por temor, apagué las luces e intenté dormir. Se escuchaban sonidos por toda la sala, pero yo intenté dormir. De repente oí un sonido procedente de la habitación de los niños, pero cuando fui a ver que ocurría, no vi nada, estaban Héctor y María durmiendo. Al ver que no había nada, pensé que era fruto de mi imaginación, pero cuando volví a mi habitación, mi sorpresa fue encontrar la ventana abierta y las cortinas corridas. Pensé que no sería nada, a lo mejor tan solo era un sueño. Cerré la ventana y las cortinas, me tomé un somnífero y me dormí.

A la mañana siguiente, me desperté y para mi sorpresa, las ventanas estaban abiertas y las cortinas corridas. Intenté despertar a mi marido, pero no se despertaba. Llamé a mis hijos y ellos sí despertaron, pero los dos dijeron que habían tenido pesadillas. A ellos no les dije nada de su padre, pero les dije que tenía que salir y les mandé a casa de su abuela.

Cuando me aseguré de que estuviesen con su abuela, salí corriendo a casa a ver a mi marido, Martín.

Cuando llegué, las ventanas estaban cerradas y las cortinas también, pero mi marido seguía durmiente, en la misma postura en la que estaba por la noche. Le eché varios vasos de agua fría en la cabeza, pero no contestaba. Llamé a un médico, pero dijo:

-No puedo ir por la tormenta-

Hasta ese momento, había hecho un Sol radiante, ya que era el mes de Junio. Yo colgué el teléfono, corrí las cortinas y abrí las ventanas. ¿Y cuál fue mi sorpresa?... La calle estaba vacía, y caía una tormenta espeluznante. Cerré las ventanas, pero dejé las cortinas abiertas. Llevé a mi marido en brazos conmigo hasta el coche, y fui a recoger a los niños. Pero al llamar al timbre, el timbre no funcionaba. Llamé por teléfono, pero la línea estaba cortada. Entonces vi como se abría la ventana del salón y salía la misma sombra que yo había visto esa noche. Era una sombra bastante grande, con una forma indefinida, pero de un color muy extraño casi indefinido. Era un color entre gris, verdes, rojos, naranjas y amarillos. Tenía un olor muy extraño, un olor similar al azufre, pero también con un ligero aroma a hierba fresca. La sombra salió por la ventana de la habitación, y yo, salí corriendo detrás de ella, pero en cuanto me despisté, la perdí de vista.

Salí corriendo y volví al coche, pero el coche estaba vacío, es decir, no estaba Martín.

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